Reflexión a un mes de un nuevo Wetripantu

“Florecer
en silencio,
sintiendo el calor de la tierra
por entre mis venas…”
Nano Stern

El año pasado, Rodrigo Arenas nos compartió esta hermosa reflexión que hoy queremos revivir, en vísperas del próximo encuentro comunitario para celebrar el inicio del año marcado por el solsticio de invierno austral.

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Un día aprovechando el calor de  unos pequeños rayos que el  Sol nos regaló y contemplando los árboles de la casa de su abuelo, mi hija me pregunta: “¿Por qué la hoja se pone amarilla y se cae?, ¿Por qué no se queda arriba siempre?”. Y recordé palabras de Cristián Warnken refiriendo que  “todo cae, pero caer es hermoso. Eres también una hoja de tu propio otoño, batida por el viento”.

Esa simple pregunta que nace desde la  contemplación de la naturaleza, tal como lo hicieran nuestros antepasados para entender su existencia en el mundo,  me hizo entender  mi propia existencia, la del otro y  la de la naturaleza.

¿Acaso nuestra piel no se tiñe de colores “hojas” en la espera de la renovación? Nuestra vida entera es un renovarse, transformarse y florecer constantes a partir de  nuestras  creencias, nuestras emociones y cogniciones…desde el aprendizaje, y no sólo evidenciándolo por los surcos que aparecen en la piel a medida que transcurren los años.

Nuestro Otoño es el momento para dejar caer agradecida y bellamente lo que no necesitamos, y abrir espacios al brote; nuestro Invierno es el repliegue y preparación a la vida nueva, cual crisálida se prepara para abrir las alas. Un momento aparentemente inmóvil del cual nos nutrimos del agua y de la cercanía de nuestro padre Sol.  Es la gestación, es la claridad luego de la crisis, es la transformación espiritual que da sentido  al existir. Es también el pertenecer aquí, es el momento que cada uno de nosotros decidió ser parte de esta Comunidad y que ésta sea parte de nuestra forma de ver la vida y la educación.

Hoy nos preparamos para dar inicio a un nuevo año. La Pacha Mama se prepara junto a sus creaturas, el Tata Inti se prepara para dar energía a los futuros  brotes y nacimientos. Y nosotros, ¿estamos preparados para la renovación, para florecer?, ¿acaso no somos cada uno un pequeño We Tripantu? ¿No somos eso “cíclico”  de la evolución? Nuestras “estaciones del año” están ahí; sólo debemos hacerlas conscientes y otorgarles sentido. En cada vuelta del “espiral” pasamos por el mismo lugar pero con cierta distancia cada vez, precisamente para mirarnos siempre y recordarnos lo que fuimos.

Es momento de sentirnos pertenecientes y no espectadores de nuestra tierra.

Quizás la respuesta más apropiada a mi hija a propósito de la hoja amarilla que cae al suelo sea simplemente “caer es hermoso”. El sentido se lo dará ella en cada vuelta en su espiral.

Feliz We Tripantu!!!

 

Texto: Rodrigo Arenas

Fotografía: César Valenzuela

 

 

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