Historia

*Extracto del libro Pedagogía del Bienestar, Ignacio Carrasco*

ORÍGENES
O del efecto mariposa

En 1907, una joven italiana deja fluir todo su ímpetu; sus convicciones; sus anhelos; los resultados de sus reflexiones, de sus estudios; al asumir el desafío planteado por el Instituto dei Beni Stabili de Roma, que le solicita habilitar un espacio para albergar a los niños y las niñas de trabajadores de San Lorenzo.

En ese populoso barrio de Italia, María Montessori, cambia los muebles, adecua el espacio, integra el exterior, genera un lugar armónico, bello, ordenado, intencionado y muy estructurado para que brille la libertad. Sabe ya que la rigidez de las escuelas y de los sistemas de salud mental son limitantes para el desarrollo.

Ella desea que las niñas y los niños se muevan libremente, con su cuerpo, su creatividad. Se propuso crear el espacio para que la energía fluya, se mueva, se vitalice. Su profundo entendimiento biológico y su sensibilidad le brindan claridad: niñas y niños han estado siendo esclavos de un modelo que los limita, que ninguna de las cadenas que en su sociedad se mantienen como estructuras incuestionables son necesarias y que, por el contrario, menoscaban su salud y su desarrollo.

Se llamó la Casa dei Bambini, y no pasó mucho tiempo hasta que su experiencia comenzara llamar la atención en otros lugares de Italia, luego en Europa y, en todo el mundo. Niñas y niños contaban con un espacio donde los materiales de limpiar eran tan valiosos como las letras, donde moverse no era castigado, donde su energía era respetada. Allí construían, cosían, trasvasijaban, lavaban, experimentaban. Hacían todo lo que es posible realizar en una casa, y al mismo tiempo sumaban, leían, escribían, pero en un ambiente preparado y adecuado para todas estas labores. Los resultados fueron extraordinarios; todos disfrutaban y aprendían más. En la Casa dei Bambini la infancia comenzó a ser respetada.

María Montessori lanza su primer gran llamado a la humanidad: permitan que niños y niñas sean libres y autónomos, deben seguirles a ellos. El educador debe ser educado en el observar: como un observador científico. A su primer libro lo llama La pedagogía científica. Ella se había dado cuenta de que un mal de la escolaridad era el “hacer y hacer” sin pensar, sin ver a los niños, sin atender sus necesidades reales y verlos como seres legítimos.

María Montessori trabajó incansablemente en Europa, India, EE.UU, entre otros países, y dio cientos de conferencias apoyando una transformación que ella siempre sintió crucial para ayudar a nuestra alicaída sociedad de mediados del siglo XX, que estaba envuelta en una vorágine de industrialización y guerras. Sus convicciones humanitarias arraigadas en su pedagogía, le valieron en dos oportunidades la nominación al Premio Nobel de la Paz. No haberlo obtenido puede ser una muestra más del legítimo tributo. Muere en 1952.

En la década de los 60, en otro lugar del mundo, un reconocido biólogo chileno, inicia una nueva cátedra para jóvenes estudiantes en la Universidad de Chile. Durante la sesión, el recientemente doctor graduado en Harvard y fundador del Instituto de Ciencias (luego Facultad de Ciencias) recibe una pregunta de uno de los jóvenes del auditorio: “Doctor ¿qué es lo que usted distingue sucedió hace aproximadamente 3000 millones de años atrás que le permite decir a usted que allí se inició la vida?”. El doctor lo mira, piensa y luego responde: “No sé, pero si vienes en un año más te tendré una respuesta”[1]. Jovial, humilde, desprendido, responde como quien sabe estar en la cúspide del lenguaje científico moderno. Sabe que es parte del grupo selecto de humanos que realiza la ciencia de vanguardia, y se da cuenta de que, aun con todo lo avanzado, para esa sencilla pero profunda pregunta no habíamos desarrollado una respuesta satisfactoria en nuestro lenguaje y cultura, científico-occidental. Allí se inicia un camino que no verá detención y que repercutirá paulatinamente en las más variadas disciplinas de la ciencia, las humanidades y la sociedad en general. La respuesta que Maturana elaboró es la autopoiesis[2].

La autopoiesis nos invita a reconocer lo que distingue a los organismos vivos: el continuo proceso de transformaciones, en una continua relación con el ambiente en la que mantenemos imperturbable nuestra organización biológica, y que se da de manera autónoma[3]. Este es un nuevo punto de partida en la ciencia. Si bien la dicotomía filosófica entre ser y no ser ha acompañado al ser humano desde milenios en múltiples formas, por primera vez en la historia cultural occidental nos encontramos con una comprensión de cómo hacemos lo que hacemos, sustentada en la comprensión de lo que nos constituye como humanos, mamíferos, seres vivos; inicial y esencialmente, seres autopoiéticos.

Algunas de las implicancias relevantes de esta nueva concepción y que a lo largo del libro revisaremos por formar parte esencial del cambio de mirada que nos permitió hilar todo lo que devino luego en lo que hoy connotamos como Pedagogía del Bienestar, son :

  1. Observador
  2. (Objetividad)[4] o realidad y multirealidad
  3. Biología del conocer

Las contribuciones de las ideas Humberto Maturana influyeron y continúan haciéndolo en las más diversas áreas de las ciencias exactas y sociales. Francisco Varela, su más famoso colaborador en la gestación del concepto autopoiesis, brilla con luz gigante y propia, y con mucha vigencia en el mundo académico y científico internacional, especialmente por su contribución en el campo de las neurociencias y ciencias cognitivas, que se entronca con la inteligencia artificial, preponderante en el presente y futuro de nuestra civilización. En la década de los 80, un prominente sociólogo alemán, Niklas Luhmann, acuña la idea de las organizaciones de tercer orden como una forma de comprender las relaciones e interacciones de los organismos sociales . En Chile, estudiantes o cercanos al doctor Maturana adoptan sus enseñanzas y las llevan al mundo de las organizaciones sociales a través de lo que hoy conocemos como coaching, expandido en todo el mundo.

Distintos círculos y lugares en la actualidad reconocen a la Escuela de Santiago como un cambio de paradigma en la ciencia, siguiendo así la tradición de la cultura científico-occidental de hablar de escuelas de pensamiento asociadas al lugar de origen, como la escuela de Atenas, o la escuela de Mileto, la primera de todas, surgida con el gran pensador Thales. Esta es una muestra más del profundo respeto que inspiran en el mundo las reflexiones del Doctor Humberto Maturana.

María Montessori y Humberto Maturana inspiraron las reflexiones sobre el desarrollo humano, aprendizaje, autonomía y bienestar, base para realizar la reflexión de cómo convivimos en los espacios educativos hoy a la luz de cómo nos comprendemos como seres humanos en la transformación en nuestra convivencia. Reflexiones que llevaron a la Pedagogía del Bienestar, materializada en el proyecto educativo Quillahua.

En 2007, cuando se conmemoraban los cien años de la primera Casa dei Bambini de María Montessori, un grupo de entusiastas padres y madres de un Jardín Infantil en un sector de Santiago de Chile, terminan de imprimir el primer PEI (proyecto educativo institucional) de la que sería posteriormente la comunidad colegio Quillahua. Ese año a través de la generación de talleres de días sábado -para quienes serían los posibles niños y niñas del futuro proyecto- junto a la generación de espacios de conversación y encuentro,   la participación en seminarios y la misma presentación  del proyecto en diferentes instancias, incluyendo el congreso latinoamericano Montessori desarrollado en Chile en 2008; se va dando forma a la cultura que todo aquel grupo humano siente y desea debiesen ser la base de la construcción del futuro espacio educativo que acogería tanto a niños como familias, docentes, comunidad.

En el vientre del Jardín Infantil Alas de Colibrí; nacía Quillahua.

En el entusiasmo las familias desean verle pronto salir a luz. Los fundamentos de lo que deseaban se realizase sentían tenerlos en la conjunción de las ideas de Montessori y Maturana que el trabajo de Tesis desarrollado por Ignacio en 2004 aportaba (Citarlo: …junto a compañeros de la carrera de Pedagogía de la U Mayor de Santiago). Año 2008 apareció como el momento ideal. Sin embargo, todo apuntó a que no sería posible. No se pudo iniciar allí. Su nacimiento en aquel momento hubiese sido demasiado prematuro.

Los dos años siguientes permitieron que las ideas, motivaciones, sentires, convicciones, naturaleza de lo deseado maduraran. En muchos momentos se confunde pensando que las organizaciones son las estructuras que las acogen. Pero ellas son, al igual que los seres vivos, seres entrelazados en un continuo proceso de cambio, donde lo que permanece es justamente eso: la organización. El sentir organizacional es más fuerte que su estructura, y por ello, aquel tiempo de dos años de preparación, al fin y al cabo se convierten en el tiempo justo y necesario para ver luego materializado lo que sería la comunidad Quillahua.

A ratos las conciencia de iniciar una gran aventura llega a quienes gestan y empujan esta travesía, sin embargo, no hay tiempo para detenerse a mirar en lo que se está, todo lleva hacia adelante, se sigue en el inmenso pulso y sentir de que resulta valioso escucharse en la corazonada de que el nacimiento ocurrirá.

De pronto, todo lo que parecía imposible comienza a ocurrir, como llevados por un devenir marcado por el destino, aparece el lugar propicio, las personas justas, las voluntades faltantes, todo se conjuga para que al fin el nacimiento se produzca.

El momento que la naturaleza de la vida y los proceso brindó para que saliera a la luz el colegio Quillahua fue el removido verano de 2010.

Los preparativos para iniciar el nuevo Quillahua estaban por doquier. Se preparaban los docentes asistiendo a seminarios de estudio, las familias alistaban los preparativos para iniciar el primer lunes de marzo: útiles, implementos, organización cotidiana, todo alistándose. En el espacio escogido-encontrado, todo un verano se realizan trabajos en las dependencias para transformar lo que había sido un antiguo retén de carabineros que operó en plena dictadura de Pincochet, en un lugar para acoger la vida.

Los preparativos incluyen la realización de muchos materiales de trabajo al estilo de la metodología Montessori: repisas, material concreto, sillas y mesas ad-hoc, embellecimiento de las áreas exteriores; la comunidad se siente plena dejando todo listo para iniciar. El último viernes antes de partir, el último grupo de trabajo alista detalles en el lugar trabajando hasta altas horas de la noche. Ya casi e media noche todos a descansar para reencontrarse aquel fin de semana para ya los últimos toques.

Sin embargo, los últimos detalles tuvieron que aguardar casi tres semanas.

Aquel sábado en la madrugada, se produce el quinto terremoto más grande registrado en la historia mundial: 8,7º Richter. Para todo Chile es un evento inmenso. El aluvión posterior terminó por demostrar la fragilidad humana. Y aunque Chile se encuentra en general bien preparado para resistir movimientos así, las consecuencias del movimiento telúrico duran semanas. En Quillahua desean realizar lo propio, siendo imposible hallar lugares abiertos que pudiesen ofrecer lo mínimo para reiniciar, poco a poco rearmarse es también iniciar un nuevo camino de acuerdo al nuevo orden.

Un terremoto es un evento muy especial: se prepara durante años para emerger, y luego de cada gran expresión así de energía las cosas cambian: el continente completo en la zona subió casi un metro, la naturaleza no es la misma. Los humanos aferrados a los espacios naturales que la madre tierra regala estamos inmensamente influenciados por estas energías invisibles que de vez en vez nos recuerdan que están allí.

El 27-F en Chile como se le pasó a llamar a este movimiento telúrico, no pudo estar más en sintonía con lo que la comunidad Alas de Colibrí – Quillahua había estado viviendo durante ese ciclo.

La tierra se mueve, cambia, y toda la naturaleza con ella. Junto con el terremoto de 2010, que hizo que todo Chile, el continente y el planeta cambiase un poco más, nació la comunidad Quillahua y la Pedagogía del Bienestar.

[1] Conversaciones con el doctor Humberto Maturana en el contexto del Diplomado Pedagogía del Bienestar, Colegio Quillahua, septiembre de 2010.

[2] Maturana Romesín, Humberto y Varela, Francisco. De Máquinas y seres vivos. Autopoiesis, la organización de lo vivo (1973, 1ªed.). Buenos Aires, Argentina (2003, 6ª ed.): Lumen, Universitaria.

[3] Maturana Romesín, Humberto y Varela, Francisco (1984). El árbol del conocimiento: las bases biológicas del entendimiento humano (19ª ed.) (p. 28). Santiago de Chile: Universitaria. (En adelante, citado como El árbol del c.).

[4] Maturana Romesín, Humberto (2004). La objetividad, un argumento para obligar. Santiago de Chile: JC Sáez Editor. En este libro, el Dr. Maturana aborda la objetividad entre paréntesis.